No resulto nada sencillo acoger con buen agrado las costumbres galas, nada nos parecia normal aqui, veniamos de otra tierra y los acontecimientos de por aca no tenian nada que ver con los que formaban parte de uno mismo y que nos acompanaban irremediablemente desde otras latitudes.
El frances tenia un lenguaje limitado, solo hablaban del sexo ( del culo de la fulana de la esquina y el culo de la que vivia un poco mas alla), del dinero ( buscandolo incluso de abajo de la tierra o esperando que alguna abuela muriera para librar batalla y coger lo que les pertenecia o...no).Nos dimos cuenta pronto de que no daban nada sin que algo les fuera dado en pago.
Por nuestra situacion de emigrantes nos tocaba ir a buscar ropas al Seguro Catolico. Nos confrotabamos a eso por la primera vez, llegamos al lugar como perdidos, teniamos los ojos desorbitados y el miedo se nos veia a la legua. Eramos como extraterrestres. Empezamos a buscar en el monton de porquerias que habian encima de una larga mesa, en el centro de un salon sombrio y lugubre. Ropas rotas, llenas de agujeros, con mal olor. Teniamos ganas de vomitar y ningun orgullo por estar alli.
Durante nuestra estancia vimos entrar a una vieja francesa, muy bien vestida, con una cantidad enorme de joyas que para nada adornaban sus arrugas profundas y multiples. El carnaval visual lo acababa con un abrigo de muchos pelos que se movian al contacto con el aire. Entraba por una puerta y salia por la otra, hablando mucho con los que alli trabajaban, gesticulando como buen estupido frances ( otro rasgo de un buen frances son la tonelada de gestos que usan, se diria que siempre estan como espantando moscas"). Aquella mujer brillaba realmente porque se hacia notar, hacia notar su poderio, su buena posicion, su todo. Nos enteramos mas tarde que esta persona, esposa de un eminente medico de la ciudad, "caia" a menudo por el Seguro Catolico en busca de ropas. Ya sabian que vendria y los encargados, "lame culos" le guardaban las mejores ropas que llegaban al lugar, segun nos dijeron siempre se iba cargada de bolsos que depositaba en su coche del ano.
Pordioseros en el alma. Inferiores natos. Seres sin valor que endosan, como unica piel, el tono que da las apariencias. Los franceses, no hay que olvidarlo nunca, estan hechos de apariencias.
Habran notado que nunca menciono la ciudad en la que estoy, en la que siempre estado. No vale la pena decir su nombre, no tiene importancia. Aquel que alla pasado por este pais, que halla profundizado bien sobre los franceses quizas pueda darle a mi ciudad el nombre de la ciudad en la que vivio y de la que guarda un sabor amargo. Todas las ciudades son las mismas aqui cuando nos tomamos el trabajo de saber como son de verdad los franceses.
Las vivencias de mi vida en Francia, sobre todo, el cotidiano de mi barrio en este pais de exilio. Soy de Cuba
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